En el norte de Bogotá para um piquenique

Viviendo en una ciudad grande se requiere algo de etiqueta en cuanto al movimiento. Cuando vivia en Manhattan la regla era no ir más downtown que la calle 96. En Bogotá, mantengo mi salud mental evitando ir más uptown de la calle 72. Claro está, que de vez en cuando me toca.

El sábado por ejemplo fuí a un picnic en el parque El Virrey. Después fuimos a buscar el carro de una amiga, dimos unas vueltas y llegamos a la calle 140. Es como otra ciudad, mucho más miamense o sino un poco más como Los Angeles. No había grafitis.  Pocos buses.  Todo el mundo maneja. Hasta las fachadas de los restaurantes se ven más elegantes.
El picnic me recordaba a una estrofa del poema de Paulo Leminksi:

O pauloleminski
é um cachorro louco
que deve ser morto
a pau a pedra
a fogo a pique
senão é bem capaz
o filhodaputa
de fazer chover
em nosso piquenique

Creo que es parte de un poema más largo.  La rima imperfecta de pique y piquenique es genial.  Bacano que el portugues mantenga la escritura de la palabra del francés original.  Y sí, llovió em nosso piquenique.

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