Bukowksi y Viscarra: La obra como martillazo a cara

Leí Charles Bukowksi por primer vez cuando tenía dieciséis años. Para mi mente adolescente, ese cucho blanco no era nada berraco; yo mismo vi cosas peores en la calle en los 90. No es que piense que un autor tuviera deba ser duro – me encantaba Ginsberg, Amiri Baraka, Kerouac y ellos no eran así – sino que Bukowski proclamaba serlo. Tal vez si hubiera leído La senda del perdedor (Ham on Rye) no tuviera semejantes sentimientos sobre la falta de sal en su meado.

Todavía pienso que Bukowksi por todas sus arrugas, voz afónica y fama de ser el epítome el escritor masculino, no sobreviviría una noche preso. Se encuentran mejores ejemplos del autor masculino, heterosexual, agresivo , si queremos hablar en términos de berrequera, con mucho mas interesantes propuestas narrativas – entre ellas el texto incompleto -.

Si la vida es la obra, pues esa vida debe ser realmente extraordinaria. Así fue la vida de Victor Hugo Viscarra. Después de leer su memoria, Borracho estaba pero me acuerdo, junto con unos cuentos semi-autobiográficos, quede realmente aturdido por la vida tan difícil que vivió, pero también fue sincero, y tierno. Cuando habla de prostitutas por ejemplo, expresa una perspectiva mucho mas simpatizante que Bukowski.

¨La Nora era una cholita amiga, tras conocer al Chucho, se regeneró y no volvió a pisar los antros donde buscaba clientes. Pero cuando se dedicaba a la mala vida, hacía furor. Por su culpa yo mi hice encañar en la seccional del Puente Negro. Una  noche estaba en el callejón Tapia en compañía del Cuchi Cuhi, el Leo Dan, el Carune y el Jach´alaco y verla bebiendo sola, la llamamos a nuestra nuestra mesa para que nos acompañara y, de ser posible – siempre y cuando la cana no nos moleste -, y para que nos quite la arrechera. Ella se sentó a la mesa y nos pidió algunos pesos para comer algo afuera. Le dimos el dinero y salió a comer creo que unos pescaditos. Al volver, se fue a otra mesa a tomar con otras cañas. Yo me molesté y cuando quise traerla a nuestra mesa, ella me hizo encañar con unos tombos, los que me encerraron como a un gran maleante.

 

Quedé en libertad al día siguiente, y lo primero que hice fue a buscar a la Nora para que me explicase por qué se había portado tan conchuda.¨


Me imagino que vivir en la calle en La Paz debe ser supremamente más peligroso que en Los Angeles, y por lo tanto, es mas interesante.

Pueden leer algunos textos de Viscarra – difíciles de conseguir impresos – aquí.

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