Ahora es el invierno de nuestro descontento

Muchos turistas irán a Nueva York para las fiestas navideñas, tanto como en años previos, sin embargo poco les ha preparado para una nueva Nueva York. La metáfora heraclítiana se usa mucho para describir la Gran Manzana: cuando sales de Nueva York, y lo reencuentras, es una ciudad distinta. Es cierto, pero esta vez no serán edificios nuevos, o residentes nuevos, habrá muchos neoyorquinos de los Rockaway en Queens, de Red Hook en Brooklyn, simplemente miserables.groton

Los daños financieros, estructurales de la capital financiera del mundo aún no se han pronosticado porque son tan ubicuos y graves que nadie ha podido hacer un estimativo totalizante. Las ONGs – desde las grandes como la Cruz Roja, hasta algunas como Occupy Wall Street, aprovechando su estructura horizontal ahora sirven a las comunidades afectadas -, sólo pueden planear hasta el próximo día. Lo claro es que el pasado no se puede reparar. Una sola mirada a la grotescamente nombrada Liberty Tower (que recuerda a los nombres retóricos del viejo comunismo) muestra que hasta el pasado se construye en el presente.

 

Por todo lo que hablaban de la inocencia americana arruinada en 11-S, Sandy ha cambiado la mente de muchos en el Noreste sobre el cambio climático. Hasta en mi familia, varias generaciones de Brooklynenses, no hay memoria colectiva de un evento tan devastador. Los lugares favoritos de la familia, como Rudy’s en Coney Island, ya no existen, establecidos y desaparecidos por el mar. Donde estuvo el restaurante-bar Centenario, ahora están carros volteados, barcos, sofás, basura. Coney Island, como tantos otros lados, se ve apocalíptico.

Hace veinte años en el colegio nos explicaban el calentamiento global: el efecto de los gases de invernadero, el deshielo de los polos, la subida del nivel de mar; sin embargo ni siquiera esos profesores ambientalistas hubieran previsto que ese mismo colegio sería inundando, dejado sin corriente eléctrica, y sitio de hospedaje de cientos de los miles de desplazados, patrullado por la guardia nacional después de Sandy.

Mientras el enfoque de noticias se ha ido a otros lados, se facilita el olvido de los miles neoyorquinos sin casa enfrentando un invierno largo, y quizás en ello, otra tormenta.

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