Brisa Marina de Stéphan Mallarmé, versión de Guillermo Valencia

La carne es la tristeza, y los libros todos

¡asiló mi cabeza!

¡Huyamos allá, huyamos!

¡Huyamos allá, huyamos! Sobre la mar salada

las aves giran ebrias, en pálida bandada.

Sobre la mar salada

las aves giran, ebrias de sacudir el vuelo

entre la espuma ignota y el immutable cielo.

Ni aquel jardín antiguo que reflejaron ojos

amados para siempre, ni los destellos rojos

de mi vetusta lámpara sobre el papel vacío

a quien – bajo la noche – defiende su blancura;

ni un niño que los senos

a su robusta madre de joven hermosura

con avidez atrapa:

nada en el mundo, nadie demorará un espíritu

que en el amargo zumo del piélago se empapa.

¡Yo partiré! Tus mástiles erige con tristeza,

oh Buque, y leva el ancla

¡con rumbo hacia una exótica feliz naturaleza!

Un tedio, desolado por ávidos anhelos,

espera en los adioses que mandan los pañuelos…

Quién sabe si estos mástiles alargarán un día

sus dedos a los náufragos, entre la mar bravía,

a los desnudos náufragos sin mástiles, sin mástiles

ni fértiles islotes de verdes cocoteros…

¡Oh, corazón! escucha las voces de alegría

que dan los marineros!

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